Fecha de creación:  Agosto 2017.

Antecedentes

La extracción de hidrocarburos representa la actividad económica más redituable que aprovecha los recursos marinos. Sin embargo, el impacto de esta industria al medio ambiente marino es recurrente y, ocasionalmente, catastrófico. La contaminación a los océanos por petróleo y sus derivados puede estar asociada a procesos de exploración, producción en altamar, transporte marítimo y submarino, operaciones de embarque y almacenamiento, accidentes en operaciones como rupturas de los oleoductos submarinos, accidentes de buques tanque, derrames y explosiones de plataformas. El estudio de los impactos ecológicos de esta amplia diversidad de actividades ha sido la tarea central del gremio científico. En México, la mayor parte de la investigación se ha enfocado en los impactos ecológicos de la industria sobre ciertos grupos biológicos marinos, especialmente de la meiofauna y macrofauna bentónica; es decir, especies asociados con los fondos marinos.

Los impactos de la extracción de hidrocarburos trascienden cuando afectan a otras actividades económicas elementales para las sociedades que dependen de otros recursos marinos. En el caso de la pesca, la actividad petrolera puede afectar tanto directa: a) intoxicando a las especies sujetas a pesca y al humano que las consume, b) afectando las artes de pesca ya sea “manchándolas” o destruyéndolas y c) interfiriendo con las actividades al modificar las rutas, distancias y áreas de pesca; como indirectamente: d) al impactar a los recursos pesqueros por medio de perturbaciones al ecosistema. Por ejemplo, en la zona de explotación en la costa de Tabasco, denominada por Petróleos Mexicanos (PEMEX) como la Región Marina del Suroeste (RMSO), el riesgo al que está expuesto el ecosistema es alto ya que en esa área predomina la extracción de crudo ligero, el cual contiene hidrocarburos monoaromáticos (e.g., benceno, tolueno, xileno) los cuales son tóxicos y bioacumulables (Botello et al. 1996).

Al ser los ecosistemas costeros (e.g., lagunas, estuarios) los más vulnerables a la contaminación por la industria petrolera, los impactos sobre la pesca en estuarios y lagunas han sido especialmente estudiados en México. Sin embargo, aún no está del todo claro el efecto de la industria petrolera en los recursos pesqueros en mar abierto. Existen evidencias de que áreas donde se ha excluido la pesca funcionan como arrecifes artificiales y es mayor la diversidad y la biomasa de especies que en zonas de pesca aledañas (García-Cuéllar et al. 2004). Cuando Wakida y Caballero (2009) analizaron los efectos del derrame del pozo Kab 121 sobre la pesca ribereña-marina en las costas de Campeche y Tabasco, no detectaron cambios significativos en las capturas, los rendimientos o precios de las principales especies pesqueras en la zona.

Los estudios sobre la pesca y el petróleo son escasos. Aún más limitadas son las investigaciones que integran una visión sistémica o que están sujetas a un programa de monitoreo sistemático. Esto en parte porque PEMEX concentra y limita la información sobre sus actividades alegando motivos de “seguridad nacional”. La planeación de investigaciones sistémicas y monitoreos permanentes sobre la relación pesca-petróleo en el Golfo de México sólo ha sucedido en su parte noroeste, especialmente después de los desastrosos derrames del huracán Katrina (8 millones de galones) en 2005 y del pozo profundo Horizon (130 millones de galones) en 2010.